miércoles, 25 de agosto de 2010

Hasta la muerte

Herido, por esos extraños destinos que te da la vida, por aquello que se clava en lo más profundo de tu alma y te marca la herida para el resto de la vida. Una, dos y así hasta cuatro golpes secos que te muestran la más absoluta verdad, que te guían por esa extraña sensación de la soledad ante la lucha, de la impotencia de saber que mas se pudo pero no se encontró la forma, tal vez esa forma esté en uno mismo.

Herido, pero no de muerte, porque aún en la caída, aún con la mirada perdida, siento que mi corazón late, a paso lento, sin fuerzas, pero latente, porque mas que mi corazón me late tu escudo. Y con la vista confundida entre las voces de los cañones que se apagaron, no queda otra que mirar hacia adelante, cerrar los puños, levantarse y seguir en esta revolución. Levantarse y seguir, por que se está herido, pero no de muerte. Levantarse y agarrarse a esa bandera que el abuelo un día dijo, mírala y deja aun lado su porte y su elegancia, mírala y fíjate en su escudo, tu escudo, y por cada barra, un motivo para quererla, por cada media luna que lo forma, un motivo para no abandonarla; por cada color, una forma de vida. Sin dejar de luchar en cada momento, por que la enseñanza no fue para abandonarte, la enseñanza fue para estar en Oviedo y en Eindhoven, para las derrotas y las alegrías, para lo bueno, para lo malo. No fue la enseñanza para abandonar, fue para estar hay siempre, en cada momento, en cada aliento, en cada grito, en cada animo al compañero de grada, en cada cántico.


No se lo que es el abandono, no mientras mi corazón siga latiendo y con el mi vida por ti queriendo; no, ahora no, ahora como siempre, como cuando no había ni para el fichaje de buenos gladiadores, cuando no había mas que un balón, cuando otro año era igual, cuando el conformismo era el rey del sevillismo. No ahora, no, ahora que la herida no es de muerte, ahora mas que nunca hay que apretar los dientes y enseñar, ver a esos escribas que de la derrota hacen su particular victoria, a esos buitres carroñeros disfrazados de inocentes búhos, que mientras quede vida, quedará un paso y tras ese paso otro y tras otro una lucha, una revolución que no termina, un orgullo de portar ese escudo rojiblanco y decir aquí nos encontramos, aquí estamos, con la sangre roja cosida con los hilos de lo vivido para darle mas importancia a lo querido, para darle la única razón a lo sentido, ese sentimiento que no se comprende si no se lleva tatuado en la piel, tatuado por los años y grabado por quienes nunca te abandonaron, por quienes a tu lado siempre lucharon.


Herido, pero no de muerte, porque la muerte no viste de blanco.


Hasta la victoria siempre, Sevilla hasta la muerte


Biri-Biri

2 comentarios:

  1. Loable tu comentario. Seguiremos en la lucha, hasta que la muerte nos separe de nuestro Sevilla, pero estamos heridos, ahora le toca a los responsables darnos el tratamiento y no dejarnos morir. Un abrazo.

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  2. Indudable su color,indudable su fuerza, Grandes Biris Norte Corazón que late a son se palmas y tambor.

    A levantarse toca.

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