miércoles, 7 de octubre de 2009

Minutos a solas en el Pizjuán

Juan Jiménez 07/10/2009
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Jiménez lo lleva muy dentro, lo dice su rostro desgarrado cada vez que el Sevilla sufre en un partido. Tanto que un día estuvo a punto de cruzar el umbral. La temporada pasada, después de ganar al Depor y asegurar la Champions, Jiménez retrasó su aparición en la sala de prensa. Esperó que el Pizjuán se vaciase y paseó a solas por el césped, en silencio. Decidía si era el momento del adiós. Sólo tardó cinco minutos en convencerse: no le habían tumbado.
Estos días felices de Jiménez son merecidos porque ha estado en el centro de un debate duro y agresivo. Y en situaciones límite. Y las ha superado, ese es su gran mérito. Él se lo agradece a mucha gente. A Miguel Morilla, su psicólogo de cabecera que moduló su carácter. A sus ayudantes, Juan Lozano y Jesús Calderón, de quienes no se despega. A sus amigos de Arahal, el pueblo que nunca ha dejado por más que haya un buen tirón hasta Sevilla. A sus capitanes: su niño Navas, su confesor Palop, sus gurús (Renato y Kanouté). Y a Monchi y Del Nido que han creído en él. El Sevilla dibuja otra vez el círculo virtuoso.

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